Llego a Guatemala, lo primero que veo es que los “Stops” aquí son “Pare”, los pequeños detalles empiezan a ser diferentes, época de lluvias pero parece que no llueve lo suficiente, las previsiones para los próximos años son desgarradoras, el cambio climático aquí también actúa con mucha más fuerza. La verdad es que todo me recuerda a mi tierra, gigantes montañosos y cielos nublados, eso sí, la flora cambia un poquito, los castaños se cambian por plataneros, las cebollas por frijoles y las uvas por el ron.

Guatemala, país de soluciones Dos cuatro por cuatro nos acompañan en todo el camino, dirigidos por Don Carlos y Don Edgar, personas sencillas cargadas de humildad, nos llevan a las diferentes comunidades donde Acción contra el Hambre interviene, es época de lluvias y todo se ve bien verde, pero lo que se murmura por todos los rincones es sequía, esa sequía verde que desgarra familias y da bienvenida a acciones como la que estamos realizando en esta zona.

Cada mañana salimos del hotel y vemos pasar centros comerciales y gasolineras, los conductores nos llevan a “guetos” indígenas, sectores de la población abandonados y denigrados como “habitantes de segunda”, agricultores de toda la vida que antes habitaban las zonas fértiles del país y que ahora, esas zonas, forman parte de otra sociedad, la nuestra, que está en declive.

El objetivo de Acción contra el Hambre debería ser desaparecer, fomentando las buenas prácticas que ayudan a estos sectores de la población, dar soluciones a los habitantes de estas tierras y desintegrarse como lágrimas en la lluvia, ojalá Acción contra el Hambre no existiese, ojalá esto sólo fuese una pesadilla.